Reconozco ciertos vientos. No creo que el viento muera, creo que el viento sigue, va y a veces vuelve. Que el suspiro después del “Buen día” sigue viajando por el globo, que el resoplido agotado del tío que llega a casa después de 12 horas de esfuerzo se mezcle con la hiperventilación de alguien.

Reconozco varios vientos por sus lugares. Ese vientito fresco, seco y constante de Punta Alta me acompaña a comprar alguna tarde de abril, reconozco la brisa de la sierra que me encuentra de vez en cuando tomando unos mates en la plaza un domingo de octubre. El viento cálido y escaso del día que falleció papá. El viento de la noche en la costa que me atrapa en la terraza de un bar charlando con alguien que no tiene idea de lo que estoy pensando.

Vientos que cargan un recuerdo y me lo alcanzan para comparar o comprender. Vientos difusos, cambiados, a veces pequeños y sin ritmo.

Ojalá que ese viento que pasó en la sobremesa haya registrado ese momento de risas. Que algún día vuelva o le cambie el presente al que se lo encuentre.