Necesito vacaciones. Me tomo vacaciones entre la semana de las fiestas y la primera semana de enero. Hay muchas razones para hacerlo. Trabajar en atención al cliente en esa fecha del año, principalmente la última semana de diciembre es para valientes. No, no soy valiente. No jodamos, nadie quiere ser valiente de esa manera con una cantidad de personas que necesitan arrancar el año desde cero, gente cuyo cupo anual de puteadas se renovará pronto y no quieren que les sobre nada.

Tomarme las vacaciones tan temprano hace que la primer mitad del año se me haga demasiado larga, tal es así que para mitad de Marzo ya estoy mas cansado que maestra primeriza.

Tengo para descansar viernes, sábado y domingo, y como siempre los días de mayor actividad social se encienden justo en esos días. Por suerte, para mi, transitamos días nublados y sin onda me dan el pie para quedarme descansando sin recibir algún tipo de reclamo por parte de las féminas del hogar (tarea difícil). Incluso rechacé una invitación a cenar de un amigo con esa verdad disfrazada de excusa “estoy cansado amigo”.

Los días vienen feos, mutamos del calor húmedo del 15 de febrero en adelante, a los hermosos 15 primeros días de Marzo, calurosos de día pero frescos de noche, a una especie de transformación que nos llevara inminentemente a las lluvias de los primeros días de Abril.

Probablemente en otra vida fui algún brujo de alguna tribu, que predecía el cambio climático con su rodilla y se quedaba en la casa el sábado por la noche fumando y mirando el fuego.