Amo el cine. No soy cineasta, ni crítico, me encanta consumir películas de autores que aportarán algún mensaje a mi vida, pero también me encanta comerme una película bien pochoclera nivel “son como niños”, como mínimo. Nada de medias tintas y nada más lindo que sentarse en el sillón y dejarse sorprender por la previsibilidad.

Lo último que vi que me haya dejado enamorado es “A Knight of the Seven Kingdoms”, también conocida como “Ο Ιππότης των Επτά Βασιλείων” en griego y “El caballero de los Siete Reinos” en castellano. No quiero que esto se convierta en un post analizando la serie así que seré claro. La primer temporada es una obra maestra. Guion, personajes, adaptación, dirección, fotografía… todo encaja y da vida a otra adaptación del universo Game of Thrones.

Ser Duncan el alto (protagonista) fue escudero de Ser Arlan de Pennytree (mentor). Una de las historias que cuenta Arlan es la del árbol de peniques, o “Pennytree”. El personaje narra la historia de un árbol que se encontraba en el centro de la plaza del pueblo, era un olmo, el árbol en el cual cada vez que un soldado partía hacia la guerra, dejaba un penique (una moneda) y solo si volvía con vida podía tomarla de nuevo. Lo triste de la historia es que como la mayoría de los soldados no volvía, el árbol se llenó de peniques y era muy difícil encontrar un lugar para clavar una moneda.

Hace unos días tuve una situación conmigo mismo. Me sorprendí teniendo pensamientos negativos, de mierda, sobre otra persona. En el momento que me di cuenta algo deprimió mi pecho, no sé qué fue, pero fue como si una pequeña espina, extremadamente fina entrase a mi cuerpo. Como si generara una leve molestia, como un dolor muy sutil, casi imperceptible que no afecta pero está ahí.

La imagen mental terminó siendo más fuerte, si cada pensamiento malo sobre alguien, incluso sobre mí mismo, dejara una punza dentro mío, ¿Cuanto aguantara mi cuerpo hasta comenzar a sentir dolor?.

Los peniques a los árboles y las espinas al cuerpo. Las guerras absurdas llenan de molestias a cuerpos que no entienden de pensamientos.