Vísteme despacio
Hoy tuve una hermosa sensación cuando llevé a mi hija al colegio. Salimos bien temprano así que no había necesidad de ir rápido, es más, es el momento que la vida nos da para pasar 20 minutos juntos, hablar un poco de algo, cansarla con algún consejo y reír.
Hoy fui más despacio que de lo normal. Si bien la situación económica de algunos sectores se ve afectada en el gasto diario, hay una tendencia marcada hacia el descenso de la velocidad en la autopista. No solo por la cantidad de cámaras de fotomultas, sino porque también el auto se convierte en un momento muy íntimo y profundo. Un lugar de pensamientos y teorías que mejorarán nuestro presente por arte de magia. Un momento de introspección y silencio o de estímulos intensos propios, muy míos.
Desde hace 8 años voy a trabajar en auto, mi límite de velocidad desde el principio de los tiempos es de 80 km/h salvo que vaya muy justo de tiempo. En aquel momento me pasaban todos, íbamos a 80 los que tenían un Citroën 3CV o un Rastrojero, o los ratones, los que cuidábamos el mango porque había que pagar cuotas. Terminó el préstamo y la costumbre quedó. Esos 24 meses con un 58% de TNA me enseñaron que nadie me apura, que no hay una carrera en curso y que se puede ser feliz en el carril lento a bajas revoluciones en el contexto correcto.
Entonces hoy salimos temprano, con tiempo, recordé el concepto y nos fuimos con rumbo fijo hacia la escuela. Es más, éramos muchos los del club del carril derecho. Fui y volví más lento de lo normal pero llegué a casa en menos tiempo del que me tardo a diario. Me encanta pensar en cuestiones místicas sobre el tiempo y la paz interior, percibí una fluidez bastante inusual entre el tráfico y mi manejo, como si todo encajara más fácil y hubiese menos fricción entre el presente y yo.
¿Será que encontrar un estado de conciencia de bajas RPM es la solución a una vida más plena y feliz? Dejo la pregunta y sigo con la puerta abierta a evaluarlo en más oportunidades.