Hace días que no escribo. No por falta de tiempo sino por falta de tema. Me gusta escribir sobre el día a día y la verdad que los días venían muy tranquilos. No es que no había nada, es que no estaba prestando atención a lo que pasaba, al presente, al entorno.

Tengo un trabajo para hacer, es una web para el gimnasio a donde voy, algo que me va a permitir compensar económicamente el abono del plan de entrenamiento de 6 meses. Así que más que pensar en el presente me la paso pensando, como va a ser el proyecto y cuando voy a comenzarlo. Esas dos cosas son las que tienen más peso emocional y ocupan en mi cabeza un espacio importante dejando de lado la escritura creativa o de registro.

Una de las cosas que más me gustan del desarrollo web es que no es simplemente hacer una página y dejarla linda. Es el proceso completo de crear y mantener aplicaciones o sitios. No es solo el diseño, es planificar un proyecto para que funcione y responda, que guarde datos y que tenga coherencia con lo que el cliente quiere.

Y si el cliente no sabe lo que quiere, es otro trabajo más. Idear. En este caso arrancamos con un sitio estático al que luego se le agregarán funciones y módulos. Es muy similar a la gastronomía, es la planificación de un plato que luego formará parte de un menú. Pensar en un punto focal, donde va a caer la mirada apenas lo ve y su equilibrio visual, el contraste de sabores, la variedad de texturas, la coherencia; Todo lo que formará parte de la identidad, no solo del plato ni del menú, del negocio.

También lo veo como una forma de dejar una marca. De ayudar a ayudar con algo que me ayuda. Podrá sonar repetitivo pero es básicamente eso. Brindar lo que somos y hacemos to create a better world.