Decir en Argentina “tengo un patio con pasto”, aunque sea un 2x2 puede desatar un aluvión de envidia a un 5% de la población. Según datos propios hay más gente que vive en una casa con patio que gente que vive en departamentos, PH’s o lugares sin pasto.

Soy de ese porcentaje que disfruta de un poco de verde y sol en la parte trasera de su casa. Donde tomo un café, un mate o, tal vez, prender un poco de fuego para tirar un pedacito de proteína animal a la parrilla. Y ese es otro momento con más picos de envidia de la semana.

Los domingos pueden ser días en donde se sienten diferentes aromas en una cuadra. El del asado, la de la salsa con pastas, los de las empanadas fritas o los que no se cansan de comer milanesas. Pero durante la semana la cosa cambia; hacer asado un miércoles por la noche no es normal. Por lo menos para el 73% del 65% que tiene patio. Y no vale prender fuego ramas, en ese caso, en mi caso, agarro un pedazo de grasa vacuna de la heladera y dejo que los vecinos piensen cosas y me vean como a un potentado . Alguien con doble apellido que nació en cuna de oro y ahora está disfrutando de los placeres carnales del tercer cordón del conurbano más profundo que exista.

Mi vecino se llama Carlos. Como todo Carlos es hincha de Racing, Carlos vive una racha muy positiva en cuanto a su club de fútbol y tiene razón en estar agrandado. Uno como hincha de Vélez debe permitirse un poco de envidia y proyección a futuro. Pero el problema de Carlos pasa por otro lado.

Carlos tiene un vecino como yo que no se preocupa por problemas limítrofes o de medianera. Y Carlos tampoco. Hace más de 10 años la esposa de Carlos plantó en el límite de los terrenos unos arbustos muy lindos de dudosa procedencia. Los arbustos eran árboles de moras que en cuestión de años dispararon su tamaño y producción a niveles industriales. Ahora esos dos árboles son nuestro primer problema.

Creo que en algún punto dejamos estar el problema. No lo solucionamos rápido. De hecho disfrutamos la sombra que estos seres proyectaban esos días cálidos de verano, no nos preocupamos por la poda en los meses sin R y no supimos entender que cuando dejamos algo mal, lo único que hace es estar mal.

Ahora, ambos, debemos pagar por sacar los árboles, él es un hombre muy mayor que no tolera el trabajo duro y yo no voy a dejar que la autoestima de mi vecino se vea afectada por mi voluntad inquebrantable.

Dejar estar el problema es el problema.